No, a mis hijos no los premio con dulces ni con visitas al McDonald

Me preguntan mucho si mis hijos comen carne, si comen dulces, si comen espinacas, si les doy papas fritas, si comen hamburguesa y así. Primer punto que quiero aclarar, no obligo a mis hijos a comer nada que no quieran, todo es cuestión de hábitos. Tampoco soy la mamá que premia a sus hijos llevándolos al McDonald cuando sacan una buena calificación o ganan un juego de soccer, al contrario, pienso que ningún premio para un niño debe estar asociado a comidas no saludables, esto incluye también los dulces y refrescos. Honestamente no puedo entender que una recompensa para un niño pueda estar asociada a  alimentos de cero valor nutritivo, con un elevado aporte calórico, que carecen de vitaminas, estimulan la aparición de caries, debilitan el sistema inmunológico, están asociados a la hiperactividad, la ansiedad, la dificultad de concentración, el mal humor y que con el tiempo acarrea otros problemas de salud como el sobrepeso, el cáncer y la diabetes. Este tipo de “premios” además desvirtúa completamente el concepto de alimentación saludable.

No puede ser una recompensa algo que también genera en ellos una asociación a que los momentos de felicidad deben “premiarse” con comida. Se convierten en adolescentes y adultos, les toca pasar por momentos de felicidad, depresión o tristeza y empiezan los trastornos de alimentación. Sí, parece exagerado, pero así es. Y créanme, yo también pasé por eso con mi primer hijo, y aunque no quisiera entrar en temas de psicología de la alimentación, confieso que él también me enseñó que la clave para disfrutar de su infancia y ser niños verdaderamente felices y conscientes estaba en gran parte, en su alimentación,

Así que desde mi perspectiva como madre, activista de salud y ahora como health coach la mayor recompensa que puedo ofrecerle a mis hijos es que lleguen a casa de regreso de la escuela y digan “ummm que huele tan rico ya quiero comer” y sea su plato favorito de frijoles caseros, hayan tenido o no un “mal” día. O que se vayan a la escuela bien nutridos, para rendir intelectual y físicamente. Mejor aún, que cuando se enfermen (lo cuál ocurre raras veces), se recuperen rápido porque ya sé que el secreto es que tengan un sistema inmunológico fuerte 💪

Así que les comparto qué comen los hijos de una mamá saludable. Somos parte desde hace un año de la iniciativa mundial “lunes sin carne“, el resto de los días de la semana damos preferencia al pescado fresco y al pollo orgánico. Por lo general tampoco comemos carne los domingos cuando mamá se pone creativa en la cocina. ¡Nos encantan por ejemplo el falafel!  Comemos carnes rojas cada dos semanas, y la compramos de libre pastoreo. Desayunamos todos los días frutas de temporada, combinada algunas veces con yogurt y miel. También comemos huevo que compramos orgánicos, al igual que el queso.

Tomamos jugos naturales de vegetales, aguas frescas y licuados hechos en casa a diario, solo usamos piloncillo para endulzar. Consumimos leches vegetales y la de almendras la hacemos en casa. Incorporamos a nuestra dieta cereales de verdad (no de cajitas), semillas y granos como la quinoa, el amaranto, el ajonjolí, la chía, frutos secos, la avena y todas las legumbres. ¡Nos encantan los edamames al vapor y la chía queda genial en las aguas frescas! La pasta, el pan y el arroz son integrales y mamá usa mucho la imaginación para incluir los vegetales y las verduras  en todas las comidas, los germinados no faltan en los sanduches y el tomate y pepino en las  ensaladas ¡sí! mis hijos comen ensaladas. Pero para que tus hijos coman bien, hay que tener muchísima paciencia e imaginación, pero ¿no se trata de tener niños sanos cuando decidimos ser padres? ¿no se trata de trascender y dejarle a este mundo mejores seres humanos, más conscientes y con mejor calidad de vida?  Así como les enseñamos en casa a ser educados, a no hurgarse la naríz, a saludar, a decir “gracias” y “por favor” desde que empiezan a balbucear sus primeras palabras ¿no deberíamos darle igual importancia a sus hábitos de alimentación?

Para finalizar este texto inspirado por todas las preguntas de los padres que ansiosos por aprender me hacen a diario, esta mamá solo puede decirles que son ya casi tres años sin madrugar bajando una fiebre, que no se asusta con el “flu season” porque recuerda que nuestros hijos también son lo que comen, y si comen saludable serán niños saludables y mañana, adultos conscientes. Estoy absolutamente convencida de eso.

 

Con 💕, Health Coach Dany.


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