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Siempre que veo a mis hijos disfrutando una pizza vegetariana, una hamburguesa de lentejas o un helado sin lácteos una tarde de paseo, recuerdo que hace muchos años alguien me escribió un mensaje diciéndome que estaba criando a mis hijos en una burbuja, que les permitiera disfrutar más de su infancia y comer de todo, porque mañana se iban a enfrentar a un mundo muy diferente. Este comentario me lo hicieron en referencia a un artículo que escribí donde comentaba muy orgullosamente que mis hijos nunca habían visitado McDonald ni Pizza Hut, tampoco habían jamás probado una Coca Cola y cuando vamos a una piñata me llevo algunas frutas en mi bolsa y un termo con agua porque probablemente no va a haber nada que quieran (no que puedan) comer.

Disfrutar de una infancia feliz, desde mi perspectiva guiada por mi intuición de mamá y por todo lo que hoy sé al respecto, significa principalmente, criar niños sanos, educados y conscientes de la realidad en la que vivimos. Entonces me pregunto sí:

  • Educar niños conscientes sobre su propia salud y bienestar físico y emocional
  • Sobre la importancia de comer muchas frutas y verduras
  • Que sepan sobre el sufrimiento y condiciones de vida de los animales que se usan para nuestro consumo o para  nuestro entrenimiento
  • Que conozcan el impacto que  la ganadería produce en el medio ambiente
  • Que sepan sobre la sobreexplotación de los ya escasos recursos naturales de nuestro planeta que compromete la seguridad futura de la propia humanidad,
  • es ¿criarlos dentro de una burbuja o fuera de ésta? Porque esa es la verdadera realidad de nuestro mundo, lo que ocurre es que no todos lo queremos ver y se nos pasa la vida esperando que alguien más haga algo  ¿quién vive entonces en una burbuja? 
  • Ahora, ¿qué pasará mañana cuando en la universidad los amigos vayan al McDonald? ¿o los inviten una Coca Cola? Por no ir más allá, pues esa es una decisión que solo sabrán tomar ellos en su momento, pero como mamá, estoy segura que habré hecho mi parte.  Es un hecho además, que si en la infancia se adquieren hábitos de alimentación y bienestar físico y emocional adecuados, se mantendrán en gran medida a lo largo de la vida, entonces no es algo que realmente me quite el sueño.
  • ¡Y sí! en casa también amamos la pizza ¿pero quién no? La preparamos con pan pitta, salsa pomodoro casera, quesito vegano y los vegetales que cada quién le quieran poner. Las hago en el sartén con un toque de aceite de olivo, orégano y unas hojas frescas de espinacas o de albahaca. Con agua de limón endulzada con piloncillo. Deliciosas, saludables, divertidas, hechas en casa con amor y música, que luego deleitamos viendo Ratatouille. Eso es lo que yo llamo ¡una pizza de la infancia feliz!

  • En mis pláticas siempre termino diciendo que no se trata de dejar un mejor planeta para nuestros hijos porque honestamente no lo estamos haciendo muy bien que se diga, se trata de dejar mejores hijos para el planeta, para la tierra, la pachamama que tanto necesita un cambio de consciencia, y ese cambio empieza con lo que pones en tu plato y en el plato de tu hijo, y es absolutamente responsabilidad primero, de nosotros como padres. Niños sanos y conscientes serán adultos sanos y conscientes; personas capaces de labrar un futuro mejor para ellos mismos, para su comunidad y para el planeta mismo.

Por otro lado, la Asociación Americana de Nutrición y Dietética clasificó “las dietas vegetarianas o veganas bien planificadas” como“apropiadas para todo el ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la niñez, la adolescencia o el deporte de élite”. Así que, si bien llevar una alimentación mayormente basada en plantas es una decisión personal y familiar, recuerda que también tiene beneficios en el colectivo, en el planeta, en el futuro.

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